Fue glorioso ver a Luis Alegre defendiendo su tesis doctoral sobre el cine español. El mismo tribunal le felicitó por la exposición, ya que apenas usó el powerpoint como un apoyo (por lo visto los normal es que le lectura de tesis se haga con este artilugio). Enhebró un discurso de una hora larga que dejó pasmado al público. Es un trabajo lleno de datos inéditos e interpretaciones desprejuiciadas. Esta mirada sin prejuicios se la debe el flamante doctor a su padre, Luis Alberto, que le enseñó a amar el cine –y la literatura, y la cultura en general– sin apriorismos. Fue una gozada. Cuando se publique será un manual indispensable en un ámbito en el que apenas hay datos fiables. Esto de los datos manipulados es universal, es humano, humanísimo. El peliculón La gran apuesta tiene momentos geniales: cuando los inversores que han descubierto el gran pufo de empaquetar hipotecas impagables bajo el sello de AAA (menos riesgo) y revenderlas sin límite deciden ir a preguntar casa por casa a una urbanización y la encuentran vacía, con gente que está siendo desalojada, etc. Trabajo de campo. Es lo que ha hecho Luis Alegre en estos últimos treinta y pico años: preguntar y hablar con todo el mundo del cine. Eso convierte su tesis en un híbrido académico –sistemático, medible, científico, en la medida en que el cine y el público pueden serlo– y rabiosamente periodístico. Una tesis llena de exclusivas. Enhorabuena, Feli.
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(En Heraldo de hoy)
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