O Artur Marx. La vida vuela y el Procés se sorprende a sí mismo. Por eso se llama así. Los únicos que pueden darle el gobierno o govern a Artur Mas son los de la CUP, que van por libre; fuera del sistema pero con un pie dentro: como han sacado 10 escaños tienen el pie en la olla de suc, en la cocina soberana. Son anticapitalistas y rechazan cumplir las leyes, lo que les da un atractivo salvaje similar al que produce el ISIS. Pero en la cocina de Junts Pel Sí (JxS) los diez del CUP se han encontrado una olla podrida y a Jordi Pujol revolviendo el perolo que sobró de la cena de anoche. Oh, perdón, olvidamos sacar la basura de estos treinta años. El CUP no quiere dar la presidencia a Artur Mas pero tampoco quiere interrumpir el procés. Mas no les mola porque simboliza el 3% estándar de comisiones, los pufos de CiU (sedes embargadas, imputaciones) y los recortes. Si encumbraran a Mas los del CUP serían cómplices de todo eso, más la herencia del pujolato. Para añadir emoción al paripé emocional el TSJC imputa a Mas por haber celebrado un referéndum ficticio el año pasado: ahora Mas, que se convirtió a la independencia a toda prisa para seguir en el poltrón, es ya un mártir héroe del soberanismo, víctima de la furia española. Ante esta provocación judicial, CUP no puede abandonar el procés, ni dejar caer a Mas. Así que propone un mix de varios presidentes. Y que haya mujeres. CUP no quiere defenestrar a Mas, pero quiere camuflarlo, que lo vean demasiado.
El mismo Artur Mas ya se camufló en estas elecciones mixtas (autonómicas y –de paso– plebiscitarias): se escondió detrás de un señor con gafas de colores, representación de la ciudadanía anónima y atrezzo. Y se camufló entre los pliegues de su socio de ERC. Así que CUP propone continuar con el camuflaje: más o menos un triunvirato presidencial. El procés nos sorprende cada día con algo nuevo. Es marketing rápido, realidad burbujeante, sistema lúdico. Un triunvirato es ideal para la situación del procés. Como CUP ya avanza que no cumplirá las leyes, cuando imputen al nuevo govern mixto, podrá ir a declarar cualquiera. Al ser tres en uno, se podrán repartir las comparecencias y cundirán más. Uno podrá ir a la cárcel, otro podrá acometer los recortes y el tercero gestionar el 3%. O viceversa. Quizá tres son pocos. Tendrán que repartirse también el sueldo. Por esta vía veloz Artur Mas se convierte en Artur Mix. El procés no tiene fin.
Claro que será un Presidente Mix que proporcionará grandes tardes de gloria a la democracia ferial: Artur Mix es de derechas, ortodoxo y neoliberal recortador. Oriol Junqueras es republicano y de “esquerra”, y los de CUP son anticapitalistas aunque, dada la solemenidad del momento, ceden a la corbata. Es una simbiosis genial: todos unidos en un pack por la independencia. Artur Mas será investido como Artur Mix, y será un ente trifásico, el icono de la triada que pilotará la aventura del Procés. No podrán encausarle porque es un ente metafísico, quizá un estadista. Para combatir y/o seducir a semejante criatura posmoderna España tendrá que construir también un engendro similar, y esto nos da el perfil del próximo inquilino de la Moncloa: un tres en uno con pinceladas románticas cosméticas y anclado en la realidad.
El modelo es de utilidad porque lo que ha conseguido Artur Mix y el Procés en general tiene mérito: con el señuelo de la independencia y su alocada carrera ha frenado o desviado el 15-M, ha ofuscado al enemigo del sistema y ha proporcionado un fenomenal contenido de repuesto a PP-PSOE para no tener que hablar ni afrontar temas que, a fin de cuentas, ya vienen decididos de serie desde Alemania. Es verdad que se ha colado Ciudadanos, pero está dentro del pack del 78 o más.
La independencia es un temazo de humo ideal para tener algo de qué hablar en las generales. No vale la pena debatir sobre cuestiones serias porque luego te hacen un Siriza y te quedas in albis. A fin de cuentas las decisiones en esto de la independencia, como en la Transición, también las toma o las da Estados Unidos (y gracias, porque cuando nos han dejado solos hemos hecho cosas tremendas). Por eso coinciden ahora las maniobras de la OTAN. Por suerte Occidente nos necesita unidos y fuertes, aunque a veces no sepa para qué.
(Columna en Heraldo de Aragón, viernes, 2 oct)
