Libertad

Todo pasa rápido. La vida es una life. Que no es una lifara. Quedan restos, casi siempre en forma de deudas. La libertad ya ni se nombra. Ni siquiera como libertad de mercado, que era lo que tenía un cierto glamour teórico. Pero hay un intervencionismo “preto”. Todo está muy “preto”. Las otras libertades, la antigua libertad individual, o la libertad genérica, ya se han disipado. Ni en las canciones. Labordeta, el del himno, procedía por parte de padre de Belchite. Allí tenía la familia un olivar. Un olvidar. Y allí cantó por primera vez en público. Al acabar la canción, el tío Charló se le acercó al Abuelo y le dijo: “Maño, no vuelvas nunca más a cantar. Te quiero mucho, pero lo haces muy mal (…)”. Labordeta, que se nos va a morir otra vez este año, se acordaba de ese cazatalentos cada vez que subía a un escenario. Hay frases que retumban en la cabeza durante siglos o milenios. Habrá un día que todos, etc. Ya están a secar las almendras, empieza la vendimia, pronto la oliva. Uruguay ha estrenado su casa en Aragón, así que quizá nos hagan un hueco en Montevideo, como refugiados, siendo de la tierra despoblada y deslomada de Artigas y Goya. Ahora que habría agua, luz, y una miaja de adsl, no queda chen. Nuevas amenazas se ciernen sobre el páramo aragonés: lo más valioso que tenemos, después de la Virgen del Pilar, está en peligro. El intervencionismo hispano, europeo, merkeliano, mundial, amenaza con exfoliarnos de nuevo. Y esto sería peor que lo de los bienes. Así que hay que estar atentos a los designios de las alturas. Al final vamos a tener que reclamar la libertad porque sí.

(Columna en Heraldo de Aragón de hoy)

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