Lo que no crece decrece. La Unión Europea se enfosca en sus microproblemillas. A escala global, que es la única, lo de Grecia (y los otros países endeudados hasta lo impagable, ejem, como España) es un problema menor, teológico o económico (que ahora es lo mismo). La escala global es la única que cuenta. La Unión Europea se enfosca en sí misma, en sus minuncias, para no afrontar lo esencial. Se busca excusas. Se atasca en lo peor. (Parece que Alemania, después de provocar dos guerras mundiales y perderlas, necesita –inconscientemente, eso sí– causar otro desastre mundial, aunque por otros medios). La UE se empecina en lo mínimo. Lo propio de la Unión Europea sería hacer ya la unión fiscal, política, elecciones, constitución, gobierno de verdad, etc. Al menos intentarlo. Y ampliarse por África de una vez. Acoger a África, que ya se está acogiendo ella sola, emigrando de malas maneras. Igual que la unificación de Alemania, pero hacia el sur. Con eso se acabaría el problema demográfico. Y surgirían nuevos negocios y nueva plataforma global. Europa, con África, tendría nuevos problemas y nuevos temas de monserga por elevación (contenidos globales). El problema de la UE es que se ha atascado en los nacionalismos rancios, que se apega a cosas que ya no son operativas, como los países sueltos. Enfoscarse en Grecia es una forma de decir: no se nos ocurre nada, no tenemos futuro, somos una unión inútil, una colonia de USA, una base militar, unos gobiernos a los que hasta da grima espiar porque nunca dicen nada de interés. En Europa, que podría ser superguay, hemos llegado al colmo de la estupidez, que es tener un banco sin tener un gobierno.
(Columna de ayer en Heraldo de Aragón)
