Despedida de Víctor Muñoz del Real Zaragoza, 25-11-14
1. Hola muy buenas tardes. Nunca he leído un texto en una rueda de prensa. Pero hoy es un día muy especial y no quiero que se me quede nada por decir.
2. Lo primero y más urgente que deseo hacer es pedir disculpas: a vosotros, los medios de comunicación, y a cualquiera que se pudiera molestar por mis declaraciones del sábado por la noche en Soria. Desde luego, no estuve afortunado. Me cuesta explicarme a mí mismo esa reacción tan fuera de lugar y tan poco respetuosa. Pero hacía unos minutos que habíamos perdido un partido que nos hacía mucha ilusión ganar, estaba muy caliente y alguien me preguntó por los gritos de “Víctor, vete ya” de algunos aficionados. Un amigo me dice que, aunque ni yo mismo me lo haya planteado, esa es la razón oculta de que yo perdiera los papeles: era la primera vez en mi vida que alguien me gritaba que me fuera del Zaragoza, DE MI CASA. Es posible que esos gritos me sacaran de mis casillas. Pero ni siquiera eso es excusa: tenía que haber estado a la altura de las circunstancias y no lo hice. Por eso, reitero mis disculpas.
3. Sabéis muy bien, y lo acabo de recordar, que siento a Zaragoza y al Zaragoza como mi casa. Aquí he nacido y crecido, aquí me formé como futbolista, aquí comencé a ser alguien en el mundo del fútbol. Me fui en 1981, hace 33 años, y, desde entonces, he vuelto siempre que me han llamado. YO, AL ZARAGOZA NUNCA LE HE DICHO QUE NO. Es verdad que siempre me han llamado cuando el equipo se encontraba en graves aprietos: en 1991, en 2004 y este pasado mes de marzo. Pero, por fortuna, en todas esas ocasiones, casi todo fueron alegrías, algunas de ellas mucho mayores que las esperadas, como en 2004, cuando el Zaragoza no solo salvó la categoría sino que ganó la Copa del Rey y la Supercopa. Yo, incluso en los momentos más delicados, siempre he sido feliz entrenando al Zaragoza. Me gusta mucho entrenar y me ha encantado siempre hacerlo en el equipo de mi vida.
4. Cuando llegué en marzo, os conté que entrenar al Zaragoza me lo planteaba como un doble reto, profesional y sentimental: el Real Zaragoza era el único equipo de Segunda División que estaba dispuesto a entrenar. Me llamaron porque la dinámica en la que había entrado el equipo amenazaba muy seriamente con llevarlo a la Segunda B y, con ella, tal vez, a la desaparición. Ese primer reto también lo salvamos. Pero luego llegó ese momento tan delicado del mes de julio en el que hubo motivos para pensar que, pese a no bajar a Segunda B, los problemas económicos del Zaragoza podían condenarle. Pero la aparición de la Fundación 2032 fue providencial y el Zaragoza continuó vivo.
5. Sin embargo, yo, desde el primer instante, para los nuevos propietarios del Zaragoza, fui una presencia molesta, incómoda. Ellos no me habían elegido como entrenador y, por lo visto, yo no era santo de su devoción. Pero tampoco tenían coartadas muy claras para echarme. Además, yo tenía contrato en vigor y a mí me apetecía mucho seguir entrenando al Zaragoza y poder cumplir mi gran sueño: devolver al Zaragoza a Primera, al lugar que le corresponde entre los grandes del fútbol español. No era un desafío sencillo: las restricciones económicas y de todo tipo eran enormes. Pero yo estaba dispuesto a emplear toda mi experiencia, energía y capacidad de trabajo para conseguirlo. Ahora bien, desde el primer momento, dijimos, incluso los nuevos directivos insistieron en ese sentido, que era demasiado aventurado aspirar a subir a Primera en esta temporada. Yo también creía mucho más sensato y razonable, dadas las circunstancias, no plantear el ascenso tan a corto plazo. Pero eso no significa que no lo fuéramos a intentar con todas nuestras fuerzas. Entonces, con toda la ilusión del mundo, comencé a trabajar en plena sintonía con mi equipo (Raúl Longhi, Manuel Lapuente, Eduardo Bacigalup) y, también, con Martín González, el director deportivo, un gran profesional y ser humano con el que mi complicidad ha sido total, hasta el final. Quiero subrayar esto porque me apetece zanjar cualquier duda sobre su responsabilidad en mi salida del club, que ha sido totalmente nula.
6. Sin embargo, con los que, desde el principio, no hubo sintonía fue con los nuevos propietarios. Y es un poco extraño, porque esa falta de sintonía estaba basada en prejuicios mutuos que ni ellos ni yo supimos destruir. Digo que estaba basada en prejuicios mutuos porque, en realidad, nunca nos conocimos bien ni nunca, ni ellos ni yo, aunque hubo algún amago en ese sentido, hicimos de verdad intentos de acercamiento personal con el que tratar de establecer algún tipo de complicidad. Y ahí he de hacer también autocrítica: me dejé llevar por los prejuicios y me faltó cintura y verdadero interés por conocer a los propietarios de mi equipo. Pero también he de subrayar algo que nunca se ha dicho: en el mes de agosto, unos días antes de comenzar la Liga, yo, al advertir de una manera muy clara esa falta de sintonía, les dije a los nuevos propietarios que ponía mi cargo a su disposición y que, si no confiaban en mí, podían prescindir de mis servicios sin pagarme absolutamente nada. ESO NUNCA SE DIJO. Ellos me permitieron seguir, tal vez porque seguían sin contar con una coartada clara para echarme y porque en ese momento tenían otras prioridades. Pero yo, esa falta de sintonía y confianza, esa falta de calor y de complicidad –insisto, en la que yo también he tenido parte de culpa- la percibí muy claramente desde el primer momento.
7. En esos días de agosto las perspectivas deportivas eran muy oscuras. Disponíamos de un presupuesto ridículo para hacer fichajes y llegábamos tarde a casi todo. Comenzamos la temporada en condiciones muy precarias: seguro que recordáis que el primer partido en Huelva lo jugamos con tres juveniles. Si en ese momento nos dicen que ahora, el 25 de noviembre, íbamos a estar a un punto de la promoción seguro que hubiéramos dado saltos de alegría. Y eso es lo que hemos conseguido, pese a la precariedad, pese a la sucesión de lesiones, infortunios y circunstancias que han golpeado muy duro en una estructura tan débil como la nuestra. Yo, en general, estaba muy satisfecho, sobre todo, porque, y esto lo quiero subrayar también, contaba con una plantilla muy implicada y comprometida. Muy pocas veces en mi carrera de entrenador me he encontrado con unos jugadores que tuvieran una actitud tan maravillosa. Ese, junto al cariño que he sentido de la afición, y la satisfacción de haber hecho debutar en el primer equipo a chicos de la cantera como Whalley, Tierno, Vallejo, Adán Pérez, David Muñoz, Nieto o Sergio Gil va a ser uno de mis mejores recuerdos de esta etapa.
8. Pero, pese a que nuestra situación deportiva estaba por encima de las expectativas a comienzo de temporada, pese a que mi complicidad con mis jugadores, con mi equipo de trabajo y con el director deportivo era total, faltaba algo esencial que yo admito que infravaloré: la complicidad con los propietarios que, por lo que se ha visto, estaban esperando esa coartada clara para echarme que no habían tenido hasta ahora. Y, el sábado por la noche, se les puse en bandeja, con esas declaraciones que vuelvo a lamentar y por las que no me cansaré de pedir disculpas. Y, ayer, el presidente, Christian Lapetra, me comunicó que habían decidido destituirme. Fue un momento muy duro y triste para mí y estoy seguro que también para Christian, alguien a quien respeto pero al que me hubiera gustado conocer un poco más.
9. Me quiero despedir contando la verdad, al menos mi verdad, pero también me quiero ir sin rencor y procurando ponerme en el lugar de los que han decidido prescindir de mí. Quiero entender sus razones: no confían en mí y, también en el mundo del fútbol, es fundamental la confianza. Se me escapan las últimas razones de esa falta de confianza. Pero es verdad que tampoco me preocupé mucho de averiguarlas y de tratar de que nuestras relaciones fueron más fluidas. Por supuesto que me hubiera gustado otra cosa: me hubiese gustado que esa relación hubiera sido formidable y, sobre todo, me hubiera gustado poder mi cumplir mi gran sueño de contribuir a que el Zaragoza volviera a ser uno de los grandes. Alguna vez pensé que podía alcanzar ese sueño sin contar con la confianza total de los propietarios de mi equipo. Fue, desde luego, una gran ingenuidad por mi parte, que he acabado pagando.
10. NO SÉ SI ALGUNA VEZ VOLVERÉ AL ZARAGOZA. PERO A ESTE EQUIPO Y A ESTA CIUDAD SIEMPRE LOS SEGUIRÉ SINTIENDO COMO MI CASA, COMO ALGO QUE FORMA PARTE DE LO MEJOR DE MI VIDA. DESDE AHORA MISMO VUELVO A SER UN ZARAGOCISTA MÁS QUE SE VA A ALEGRAR COMO NADIE DE LOS ÉXITOS DE SU EQUIPO. AUPA EL REAL ZARAGOZA, MUCHAS GRACIAS A TODOS Y HASTA SIEMPRE.
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Dos artículos de Luis Alegre en MARCA
Nos hemos vuelto locos
Víctor es el aragonés que más lejos ha llegado en la historia del fútbol. Nació en las Delicias en 1957, el mismo año que La Romareda, el estadio en el que se colaba de niño para ver al padre de Christian Lapetra. En el Zaragoza se destacó como uno de los mejores futbolistas de España y en el Barça, la Selección y la Sampdoria se consagró como uno de los grandes del mundo. Su amor por el Zaragoza y sus raíces permaneció siempre intacto. Lo demostró en momentos cruciales, cuando su equipo se encontraba al límite y fue reclamado de urgencia para sacarlo del pozo. Como subraya José Luis Melero, Víctor se jugó algo más que su prestigio: si las cosas salían mal, tendría la sensación de haber fallado a lo que más quería. Pero su contribución fue maravillosa: en 1991 cuando regresó para retirarse, en 2004 cuando nos llevó al cielo y solo hace unos meses cuando evitó el hundimiento total. Para alguien como él, que mantiene una relación emocional tan intensa con Zaragoza, la pesadilla era esta: escuchar, algún día, estas tres palabras fatídicas de alguno de los suyos: “Víctor, vete ya”. Y, eso, exactamente, es lo que escuchó el sábado en Soria, la tierra de sus padres, solo seis días después de haber bordado el fútbol ante el Betis, solo veinte días después de haber desatado la euforia al ganar al Alcorcón y cuando, pese al rosario de fatalidades de los últimos partidos, aún estamos a tiro de los puestos de cabeza, muy por encima de lo que corresponde a nuestra fragilidad económica, deportiva y estructural. A continuación, en la rueda de prensa, Víctor estalló. Pero cómo no va a estallar. Cualquiera –al menos, yo- hubiera reaccionado mucho peor. Pero se lo puso fácil a los que nunca soportaron su personalidad indomable, que han dibujado un nuevo y patético plagio del cuadro de Goya “Saturno devorando a su hijo”. El despropósito cometido es histórico y ya sabemos que en el lado oscuro del carácter aragonés brilla con fuerza el desprecio por los mejores de los nuestros. Pero como me resisto a creer que somos tan disparatadamente desmemoriados, injustos, absurdos, cainitas, crueles e ingratos no nos queda más remedio que admitir que nos hemos vuelto locos.
Una despedida para la historia
Mi madre de 89 años, durante la gran primera parte ante la Ponferradina, soltó esto: “Espero que alguien diga que Víctor ha dejado bien preparados a los jugadores”. Mi madre es agradecida pero un poco cándida. El hoy, sobre todo en un mundo tan enloquecido y frenético como el del fútbol, es como una apisonadora, poco piadosa con el ayer. Pero hay cosas que no conviene olvidar. Hoy hace sólo una semana que Víctor, imperecedera leyenda del zaragocismo, se despidió de todos nosotros. No hemos celebrado como merece el calibre de sus palabras. Víctor estuvo impactante y genial: la limpieza, la elegancia, la humildad, la capacidad autocrítica y la sinceridad que deslizó en su discurso fueron insólitas. Estamos tan habituados a convivir con la mentira y con personajes públicos obsesionados por maquillar su imagen, que la verdad y la autoinculpación pueden llegar a resultar desconcertantes, sospechosas, chocantes, desestabilizadoras, casi revolucionarias.
Soy muy amigo de Víctor desde hace 34 años. Eso incluye alguna pega para mirarle con imparcialidad. Pero también encierra claras ventajas. Sin ir más lejos, sé hasta qué punto, entre sus debilidades, no se encuentra su inclinación a la mentira. El otro día, en la despedida, Víctor desveló un detalle importante: antes de comenzar la Liga, puso su cargo a disposición del Zaragoza y se ofreció a irse gratis si no le querían. Era algo que él me venía contando desde agosto. Pero, aunque yo no conociera a Víctor, nunca dudaría de la verdad de esa revelación: resulta inverosímil que Víctor se inventara una trola de esa naturaleza para colarla en una despedida tan especial. Víctor también me mantuvo al día de otras muchas cosas, incluidas su excelente relación con Martín González o el que nadie le consultara sobre la salida de Emilio Larraz, sobre el que jamás le escuché ni una mala palabra. La mentira es lo más peligroso y resbaladizo que existe pero la verdad es imbatible. No hay nada más poderoso. Entonces, cada vez que alguien, por puro afán de hacerle daño o de ensuciar su prestigio, insinúe, por ejemplo, que Víctor mintió en su despedida o que fue cómplice de la salida de Larraz, nos va a entrar la risa tonta en el bar de los forofos.
