Jueces, fiscales, funcionarios y la ciudadanía en general van aprendiendo los trucos corruptos, así que habrá que cambiar la forma de hacerlo. Siempre bajo la mayor honradez. A partir de ahora habrá que cobrar las comisiones y evadir el dinero de formas más enrevesadas, con mayor burocracia y cobertura ética. Lo cual repercutirá en las propias comisiones, que tendrán que subir. ¡Y se quejaban del 3%! En esta reconversión en caliente del gran sector corrupto, el barómetro del CIS llega con el conveniente retraso. Es un barómetro de museo. En momentos de vértigo y vuelco se comprende el interés vital de los sucesivos e intercambiables gobiernos en que no haya funcionado el DNI electrónico, ni ninguna otra forma de identificación legal. Lo normal sería votar por móvil, responder a las encuestas a todas horas, incluso convocarlas o proponer las preguntas. Identificación electrónica y anonimato, protegidos y potenciados por el Estado, son básicos para que democracia se mueva a la misma velocidad que el capital. Pero solo aplican la tecnología ágil para cobrar. La tecnología, solo para cobrar. Lo demás, a mano. Lo que piensan los ciudadanos va en analógico, recocido y con retraso. Visitas domiciliarias, muestra ínfima y dosificar los tiempos para que cuando se publiquen los resultados, por entregas, ya sean arqueología. El sistema es rápido y eficaz para cobrar (a los pequeños) y para sancionar con intereses cada minuto de retraso. Pero no se aplica cuando se trata de saber qué piensan los presuntos ciudadanos. Este doble rasero (doble guillotina) explica en parte el resquemor que trasluce el barómetro. Y eso que cuando se hizo aún no había confesado Pujol.
(Columna de hoy en Heraldo de Aragón)
