Margarita miraba atentamente a la Primera dama; estaba maravillada con su sonrisa resplandeciente y con sus grandes ojos negros tan bien maquillados, aunque no le habría hecho falta pintárselos tanto porque bastante guapa era ya. Observaba su cara redondita ahora tan alegre y otrora tan llena de lágrimas o tan enfadada. Se acordaba hasta de las notas que hacía salir de su saxofón mientras lloraba, y de la fusta con la que obligaba a galopar a su caballo cuando se enfurecía.
N O V E L A "Nadie y nada"
C U E N T O S "Familias raras"
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