El Rey debería iniciar su particular transición hacia su hijo. La pérdida de audiencia en el mensaje navideño es la puntilla: perder audiencia es lo peor que puede pasarle ahora a alguien (se te va un follower y pasas mal rato), incluso, o especialmente, al Rey. La indiferencia es letal. En el caso del discurso de Nochebuena obedecía a un diagnóstico, a una previsión (acertadísima) de los ciudadanos: no va a decir nada. Durante años/décadas este no decir nada -o decirlo entre líneas- era un juego de sobrentendidos, el ritual se aguantaba solo, por inercia, abundancia, frenesí… La propia tele -el medio- engendró la costumbre del discurso. Los últimos affaires regios y el deterioro general o genérico han hecho caer la audiencia. No ver el discurso es la única forma de opinar sobre lo inopinable. Todo dentro de las mediciones a ojo de la audiencia de tv. El Rey anuncia ahora una entrevista pregrabada. ¿Y si mientras tanto detienen al yerno? ¿Y si pasa algo? ¿Y si se filtra la lista de evasores que retiene y esconde Montoro? Hay demasiados pufos en el aire. Si se jubila da la oportunidad de probar una sucesión no traumática. Todo queda en casa. A lo mejor lo hace en la entrevista de Hermida.
N O V E L A "Nadie y nada"
C U E N T O S "Familias raras"
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