Desde el siglo XVI han existido los cronistas que, por vocación y sin pago alguno, se dedican a construir la historia de una urbe en cambio permanente
“A la crónica se contribuye pero es imposible realizarla por una sola persona. Por eso, transformé un nombramiento honorífico en algo colectivo y ciudadano donde puedan participar diversos actores de nuestra realidad capitalina”, comenta el autor de La Ciudad de los Palacios. Crónica de un patrimonio perdido (1990), quien considera que ser cronista de la Ciudad de México no es una chamba, sino una vocación. ”
