Avaricia, opacidad, desregulación ···> Google acabará por abrir un banco

(7-10-11) Días de deudas y secretos. Se critica la avaricia, pero ese era -y es- el motor del sistema, el combustible del progreso. Se achaca a la opacidad bancaria la falta de confianza inversora: ‘activos tóxicos’ es la metáfora que describe la exposición a los inmuebles invendibles, fruto de las hipotecas basura. Pero la opacidad era -o es- parte esencial del sistema. Y se culpa de falta de regulación a los organismos públicos, que ha sido o es también la tercera pata del modelo neoliberal. Nada de eso nos sirve.

Todo está trabado en una maraña de deudas cuyo alcance se ignora. ¿Cuál es la aspiración, el objetivo declarado? El crecimiento, vender. Todos meten presión a Europa, especialmente Obama. La receta es que Europa complete su unión monetaria, que instituya una autoridad única económica, fiscal, etc. Como hay tanta prisa, habría que acometer esta reforma -cesión de soberanía de los estados- enseguida, sin preguntar ni hacer el paripé de los referéndums (que a veces han salido que no).

Urgidos por las deudas, aceptamos algunos aspectos del esquema chino, manteniendo la democracia básica, pero ya con nuevas limitaciones. En este paso hacia la Unión Europea los deudores, los rescatados, no tendrían la misma capacidad de decisión que los solventes. No parece que ese horizonte de la autoridad única europea, si es que existe, avance a la velocidad con que se mueve el mundo, que en este momento se reduce a los mercados, los inversores.

Por lo demás, tampoco hay tiempo para revisar y sustituir los motores y el combustible que impulsaban al sistema ahora detenido: avaricia, opacidad, desregulación. Esa revisión -paralela a la del coche eléctrico y la energía alternativa- tendría otro tempo, otro ritmo histórico, siempre aplazable sine die (en el caso de que el sistema consiga reiniciarse: cada día que sigue parado va en su contra). Los que gobiernan, en sentido amplio, dan por hecho que la solución ha de venir del propio sistema dañado, sin alterar ese trípode básico ni sus competencias. Un agente puede reclamar transparencia a otros (un inversor a los bancos, por ejemplo), pero nunca se cuestiona la opacidad general (y menos la suya propia).

Las medidas se valoran cada minuto en las bolsas, que son el único criterio. En esta dictadura de los tres valores clásicos los oráculos son las agencias de calificación de deuda. (Según el estandar posmoderno no hay un único relato, todos conviven y compiten en una hiperrealidad fragmentada y cambiante; las agencias de rating y las bolsas estarían impugnando de facto este modelo).

La aspiración al crecimiento: en esta crisis hay algo que no deja de crecer: internet. Y esa revolución está liderada por Estados Unidos, por sus empresas. Google, Apple, Amazon, Facebook, Twitter… (Microsoft ejemplifica la tradición y la dificultad para saltar de un modelo a otro). El crecimiento y el dinero están en ese nuevo mundo, que está aumentando la velocidad y los cambios en la ciencia: genoma, nano, etc.

El problema de Europa -y muy especialmente de España- es que no ha aceptado internet. La iniciativa de la Unión Europea es siempre defensiva, a la contra. No admite ese nuevo mundo, esa nueva economía. Cuando lo hace es de boquilla, pero la legislación y la práctica tienden a dificultar y a impedir lo nuevo. Esta postura temerosa es mucho peor que la lentitud en adoptar las recetas ya inservibles para salvar un mundo que ya no funciona.

(España es el caso extremo: todos los gobiernos han trabajado contra internet: incluso ahora se condena al país a sufrir la peor conexión a los precios más altos. Frente a esta evidencia, mil veces denunciada por cuatro gatos, nunca se ha movilizado la sociedad. Las reformas y contrarreformas siempre han actuado en los sectores tradicionales, especialmente el suelo y la vivienda. Abrir una empresa sigue siendo una pesadilla + IVA. Las iniciativas de todos los gobiernos han ido siempre a frenar la llegada del futuro y a defender sectores que desde que salieron las www están obsoletos).

Una conclusión es que Google acabará por abrir un banco. O Apple. O quizá se les adelante Facebook.

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