Aragón Global
Labordeta puro, vozarrón salvaje
Bunbury
Es la anticanción ideal para estos momentos sin canciones. Antihimno genérico, rebelde e indignado. Ya está triunfando. Es popular, conecta al instante con el alma desalmada de la época. Adanismo y utopía (¡irse de casa!): maquiavélico y subversivo.
El título es genial, ahora que no se puede hacer nada ni decir nada, ahora que todo está bajo la ley marcial del miedo y la vergüenza, Amaral clama por lo salvaje. (‘El lado más salvaje de la vida’ -Albert Pla).
Lo malo es cuando una canción maravillosa la ponen más de diez millones de veces en el súper. Embota y aturde a tope. Esta repetición torturante, que quizá se podría limitar de alguna manera, inmuniza contra posteriores éxitos. Y contra la música y el mundo en general. Pero ahora es el momento de estrenar.
Tiene toda la fuerza y la energía de una jotera sin límites y un tipo duro/blando, un tsunami de emociones comprimidas. Ya ha triunfado. Yoututriunfado.
El pobre Obama sale diciendo que “Estados Unidos será siempre un país triple A” (EP), cuando esas declaraciones, típicas de los PIGS, ya se descuentan como que se ha perdido ese nivel, que por lo demás ya no significa nada, puesto que si el mismo EE.UU. lo ha perdido (AA+),el propio esquema, el marco de referencia, ya no sirve. Nada sirve. Amazon cae de la nube abatida un rayo (seguramente lanzado desde china), las metáforas duran dos días. En este horizonte apacible y devastado Amaral pone ya la banda sonora, salvaje/doméstica en otro lunes salvaje para las bolsas en el que el BCE salvó por los pelos comprando deuda de España e Italia. Amaral ya ha arrasado.
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