5-8-11 Lo razonable es cerrar los mercados, todos, durante el mes de agosto. El caos es tan vasto que añadir un poco más de incertidumbre no puede empeorar las cosas. Ventajas: ganar tiempo. Europa se urge a sí misma a ejecutar las medidas “en semanas”, pero ese paquete teórico ya ha sido desbordado. Ante los mercados no se pueden hacer declaraciones de intenciones porque aún no has acabado de pronunciar la frase y ya han clavado la orden de vender o comprar; hay que actuar en tiempo hiperreal.
El BCE no compra deuda italiana o española porque no tiene tanto dinero. No digamos las dos a la vez.
Bruselas urge a que las medidas acordadas ¿? estén listas en septiembre, pero ese paquete han de ser aprobado por los parlamentos. Y los parlamentarios están en la playa.
Hay dos velocidades, una es la del dinero y la otra proviene de una variedad de gobiernos y grupos desavenidos (como la UE). Cada minuto que pasa el segundo grupo tiene menos opciones ante el primero. Esto viene ocurriendo desde hace veinte años, pero en los últimos cuatro se acelera de forma implacable.
El plan que ha de poner en marcha la Unión Europea con ayuda voluntaria del 90% de los bancos tendría que votarse ya en cada país. Los parlamentos deberían trabajar día y noche, en turnos de guardia.
Si las instituciones básicas de las democracias no se adaptan a la agonía de la población y al estrés de los tiempos, este fallo equivale a un golpe de estado por omisión, default de pereza, achacable en gran parte a los respectivos gobiernos y sus anquilosadas oposiciones, que se aprovechan de la situación límite con más saña que los propios mercados (sudores de Obama). Si los congresistas españoles trabajaran con alguna efectividad en agosto, la magnitud de la noticia dejaría a los indignados sin contenidos… y sin cobertura informativa.
El lado lento de la balanza podría recuperar el control de la situación durante unos días cerrando los mercados por sorpresa. Tendrían que ponerse de acuerdo todos los gobiernos y China -que espía a todos- se enteraría enseguida y se adelantaría a copiar ía la medida.
Se produciría un caos bursátil, pero no sería mayor que el que tenemos ahora. Sería un reset, un respiro ante una situación excepcional. Como es lógico, los mercados intentarían seguir apostando bajo mano (vía Twitter), pero tardarían un par de semanas en rearmar el chiringuito. Para entonces el mundo ya se habría acostumbrado a vivir sin ese zozobrismo que nunca duerme. Todos los accionistas del mundo podrían respirar durante unos días en paz. Los gobiernos garantizarían que el uno de septiembre, ¡todos a jugar de nuevo a la ruleta rusa! Sería como estrenar el mundo desde cero. Qué emoción. Cada valor en el punto exacto en que se quedó el día del cierre sorpresa, con sus decimales y todo.
Como el crédito ya está colapsado y todo va fatal, el efecto fuera del ambientillo de Wall Street y similares apenas se notaría. La polución de memes sobre deuda, déficits, quitas y devastaciones varias se relajaría un poco.
Los millonarios, verdaderamente agobiados en los últimos días (acarreando el dinero a bancos que cobran por guardarlo), podrían descansar un poco. Al no poder bajar las bolsas porque estarían cerradas los pobres magnates no tendrían que acarrear el dinero a toda prisa a bancos que cobran comisión por guardarlo (¡esas comisiones subieron ayer!).
Los gobiernos también podrían relajarse un poquito e invadir Libia, que es más fácil que llevar las cuentas de lo que se debe y estar todo el día saliendo a mendigar a los mercados. Los países se quedarían sin esa fuente de liquidez instantánea (que tan cara nos está saliendo a los PIGS) durante estas vacaciones sin mercados. (Por cierto, que estaría bien que el Tesoro colgara en su web la hoja excel de a qué dedica cada día esos miles de millones, en la onda open data).
Estas vacaciones forzosas de los mercados interrumpirían el flujo de dinero más o menos hiperreal y las apuestas de todo tipo. El mundo se quedaría sin nada de qué hablar, excepto de Somalia.
Esto es un apagón financiero en toda regla. Una especie de correctivo máximo y temporal que el sistema se asesta a sí mismo para ganar un poco de tiempo y reflexionar. El mundo paralizado, tuiteando sobre las grandes cuestiones del ser #humano.
Igual que la autoridad de cada país suspende la cotización de un valor durante un tiempo (el Benfica en Portugal gracias al fichaje del Zaragoza, por ejemplo), técnicamente se podrían suspender todos los valores por causa de fuerza mayor. El problema estaría, como en toda misión imposible, en sincronizar los relojes. Lo único que ha sincronizado la globalización es, precisamente, los mercados.
El juego de la bolsa surgió como un inocente pasatiempo para amasar fortunas, pero ha llegado a un clímax delirante en que va a hacer petar al propio capitalismo, que de esta manera hace una pausa y se defiende de sus excesos.
___
Act 6-8-11 Standard & Poor’s ha rebajado la calificación de USA a doble A. Si los mercados tuvieran vacaciones forzosas estas agencias perderían durante un mes el protagonismo. Son los nuevos contenidos de la crisis, que reinventa el mundo y sus marcas.
