EE.UU. reclama debilidad, quiere mimos y atención global como país acosado por la unanimidad de los dictámenes de declive (como si hubiera rival).
Estas desavenencias al filo del default -palabra cumbre del momento, metáfora máxima que engloba y atrae a todas las demás, incluso a la nube- expresan la fatiga de lider agónico y al mismo tiempo el vigor del monstruo en plena y pública reinvención: USA se atormenta y se reconstruye en directo como un transformer y ese espectáculo es ya el supermeme imbatible, el contenido sin rival. Precisamente en un mundo que reclama más narraciones que nunca, más tragedias en abierto para tuitear: tragedias nuevas, originales e inesperadas. Como este culebrón crepuscular de la deuda, que incluye ya en el reparto a las malvadas de luxe de la época, las agencias de calificación de riesgo, femmes fatales que hacen temblar a Walt Disney en su recóndita cubitera. Abatida la Super Bowl, descubierto el villano de las escuchas, descabezado el automito de Bin Laden, amansadas las tuitrevueltas… el coloso de los memes tiene que lanzar algo espectacular, algo nunca visto que asombre al mundo y haga palidecer a China y sus copistas.
En un marco de caos y fugaz obsolescencia, cuando aún crestea el ciclo de ruina que él mismo ha decretado, el Imperio -sin tiempo para invadir- ha tenido que recurrir a improvisar y juega con su propia inmolación. No nos podemos quejar.
N O V E L A "Nadie y nada"
C U E N T O S "Familias raras"
.
