Volaba dormida la tarde en sueños de jazmines. Corrían los autos a sus destinos mientras los conductores tuiteaban a viva voz lo que iban viendo al pasar: una señal, una rotonda, un bosquecillo. No había fuerzas ni para incendiar. Las áreas de descanso servían de improvisados vertederos de colonos y en los arcenes florecían nuevas especies de brócoli, lechuga o coliflor ya con el amianto dentro. Los camiones esparcían sus semillas transgénicas por el espartal. Los trenes desvencijados, al descarrilar en las vías centenarias, engendraban bosques de nuevas especies. La tarde olía a pesticida ecológico a medio hacer.
N O V E L A "Nadie y nada"
C U E N T O S "Familias raras"
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