Critican a Mariano Rajoy, el lider de la oposición y jefe de filas del Partido Popular, por no haber madrugado esta mañana para ir al Congreso. Y porque ayer estuvo plano y aburrido en el debate. Sin embargo, esa actitud es la que más valoran los mercados, que solo se guían por comentarios y botones “megusta”. Rajoy ha de mantener su imagen de notario o funcionario amodorrado, previsible e imperturbable. Su máximo aval como gobernante fue la frase histórica para describir el desastre del Prestige y su marea de chapapote: “hilillos”.
Lo que necesita el país y el mundo es un figurón impertérrito, un busto imperturbable, una esfinge que transmita la imagen de siesta permanente. Tras la sobredosis de hiperactividad inútil de sus antecesores (Aznar en las Azores, casando a su hija en el Escorial, dándole Telefónica su amigote de pupitre, etc; ZP, etc), el perfil de Rajoy es el más adecuado para encarnar el sopor institucional que se requiere para empeñar los cuatro páramos que le quedan a la patria.
N O V E L A "Nadie y nada"
C U E N T O S "Familias raras"
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