Volar sin asientos

La evacuación, como todo, trae ideas para los primeros mundos, ya bastante invivibles. La idea más obvia es que se puede viajar en aviones de carga: cabe mucha más gente y es mucho más barato y menos contaminante. A fin de cuentas, en esta sociedad lánguida de billonarios espaciales, con virus mutando a toda velocidad, el turismo y los viajes de negocios ya son fugas y evacuaciones de emergencia. Todo lo es. Tras el 11S de 2001 hubo que desnudarse en los aeropuertos. La democracia lánguida podría ser debilidad y decadencia, desprestigio, enemigos creciendo. Por eso triunfa la palabra “resiliencia”, que suena en el garganchón como una motosierra que no arranca. El plan de la Unión Europea consagra “resiliencia” y Pedro Sánchez encabezó con ella su egopanfleto. Al incluir la palabra sube el precio –¡todavía más!–: pescadería resiliente y empática, etc. El desastre del Mar Menor es lo que no conviene ver, pero el pudridero se podrá reutilizar para series distópicas, que ya son casi todas. Viajar en aviones de carga, bañarse entre peces muertos, experiencias de economía circular, ideales para selfis de la era lánguida. La Unión Europea se ha quedado sola, como todos. El Madrid no puede pagar a un jugador del Emirato de Qatar ni el Barça retener a una estrella que ficha por el Emirato de Qatar, aunque ambos juegan en modo París. Houellebecq lo avanzó en Sumisión. Viajar en aviones de carga, quizá a cambio de nuestros datos y atender a nuevas oportunidades circulares. Como dice el gran Jorge Asín en OregónTV: ¡Qué panorama!

(Columna en Heraldo de Aragón, 1-8-21)

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