Plástico de embalar… o lo que sea

Grecia es como un entretenimiento o un aperitivo. O quizá es el miedo, el vértigo que a veces sobrecoge a los mismos mercados, que a fin de cuentas están compuestos por personas y ordenadores, como todo lo demás. Personas que juegan con el mundo, como Charlot/Hitler con su enorme globo/burbuja. Juegan a pinchar la bola llena de expectativas y apuestas cruzadas. El gran juego se está volviendo letal. Ha sido reparado por los Estados, que se han endeudado más de lo podían imaginar, más de lo que van a poder devolver dos o tres generaciones. Una vez que Grecia haya malvendido lo que pueda, la bisutería, el Partenón, solo se podrá entregar el horizonte, las vidas ya doblemente embargadas. Pero Grecia es un aperitivo, como hacer puntería con una escopeta de perdigones. La deuda verdaderamente monstruosa, inabordable, es la de Estados Unidos. Puede haber otros aperitivos en el sur de Europa, incluso en el norte. Pueden ir cayendo las fichas una tras otra en esta espiral del terror contable, pero el coloso está temblando. El coloso se aguanta en Facebook, Apple, Google, Amazon, IBM y unas cuantas nubes más. Pero esos imperios tienen una certa reversibilidad, son imprevisibles como las personas que los nutren con sus vidas y pinchan en sus anuncios. Al final tiene que ir un comando en un helicóptero y pegarle cuatro tiros a alguien. La solución quizá ya no cabe dentro de la burbuja inmensa, tan grande que ya no la ven ni desde la plataforma espacial (se tienen que refugiar en las naves soyuzes porque la basura llega por todas partes), la burbuja nueva es inconcebible…

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