Parece que estamos a salvo

La desesperación es total. Pasan los días y no ocurre nada. Pero estamos a salvo, o lejos. Lejos de todo, de Afganistán, pobres, del cambio climático, de la anoxia, de lo que sea. Pero cuando el virus también estábamos lejos y llegó en nada. O ya había llegado… aun no lo sabemos. Pero si estamos lejos y bien atrincherados en estas soledades, ¿por qué tanto pánico y desesperación? Los peces se mueren de anoxia pero por una decisión más o menos nuestra, de priorizar (sic) otras cosas, otros negocios, otros amigos. Los peces son un negocio. Y la playa limpia. Y el futuro actual. Y si estamos lejos, o un poco lejos (a medio virus), ¿dónde están los microchips para los coches? No, nada tiene que ver demasiado en el mismo caldo, que empieza a hervir. El perolón se está calentando. Hay que matizar, analizar y comprender la complejidad y el hambre instalada, que equivale a la potencia instalada pero en otro rango. El ente prepóstumo, si tiene su móvil a mano, ya aguanta. Hasta que lo van a buscar a casa. Terribles palabras. El cambio climático ya lo reconocen hasta los que lo hacen. Pasadas varias olas y fases de tantas cosas solo queda sucumbir a la alegría y buscar wifis por esos alcores. Allí hay una torre para adiestrar aves a golpes. El ente prepóstumo, acaso cercado por fuerzas que ni imagina y por decisiones o indecisiones que no sabe de dónde vienen, se refugia en una luz que sale de esa estampita que vibra entre las manos. El ente, sagrado de pánico, reza al móvil… cuando se va la cobertura.

Col Heraldo miércoles 25 agosto 21

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