La la land IA big data

La la land. La peli mola, tiene catorce nominaciones para el Oscar. Es amable, realista y romántica a la vez, en las dosis justas. Funciona. Los colores, la autopista, los coches… hasta el jazz. Es romántica pero no en el amor, sino en el jazz. Romanticismo de las ilusiones y los sueños… profesionales. En el amor la peli es realista, en el trabajo es romántica. O sea, está adaptada a los tiempos. Es un guión hecho con big data y usando Inteligencia Artificial (IA), que es lo que ha usado Trump para ganar. También Obama, pero menos, o con menos acierto. Ya se puede saber todo de cualquiera, ya se puede predecir la hora y el estilo del mensaje personal, y quién ha de enviarlo. La la land recoge ya los datos de cómo es el mundo, cómo somos en este día. Y los plasma en una historia de colores y algunas canciones. Guay. Realismo y romanticismo adaptados al Dow Jones íntimo, que es público y mundial. Por lo demás sube la luz, el precio de la luz. La ola de frío era un anticipo del hachazo. Ya no nos creemos nada. Y menos, los fenómenos meteorológicos. Ni el clima, ni que se socarren los polos. No nos creemos nada y nos creemos todo. Cuando anuncian ola de frío (lo que antes era el mero invierno) ya entendemos que se refieren a algo que hay que pagar. Ola de frío es un contenedor vacío. Para meter un anuncio. Todo es comercial. Todo es un anuncio y un suavizante para la impotencia. A veces esta publi que anticipa las cosas está encriptada en el termómetro, en las confusas noticias del mundo. Pero siempre acaba por desvelarse el motivo, el negocio. Que es lo romántico. La la land.
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Columna en Heraldo de Aragón, el miércoles pasado bla bla
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