Echar una mano

Mariano Gistaín (Cuento publicado en Heraldo de Aragón, 29-8-11)

Paseo por los puentes sin prisa y cuando veo a alguien que se demora en los pretiles, zas, lo tiro al Ebro.

Soy un escritor negro, de los que no firman pero cobran. Usted habrá oído hablar de la escuela de escritores negros de Zaragoza (bueno, quizá no se nombre demasiado, ya que el oficio nos obliga a una cierta discreción: lo nuestro es el anonimato, aunque entre nosotros nos conocemos todos y nos ayudamos: si alguien quiere jerga o hábitos criminales recurre a mí, etc. Estamos bastante especializados, de modo que una novela famosa al uso o una biografía han pasado por varias manos).

Soy escritor y asesino, aunque en las tarjetas de visita lo imprimo al revés. Si alguien ve en una tarjeta la palabra ‘Escritor’ la tira a la basura. Pero si encuentra:

Fulano de Tal

Asesino & Escritor

Entonces ya entra al trapo. Mi primera vocación es la de escribir, lo otro fue un poco por ampliar la oferta y por aprovechar el Ebro, que siempre ha llevado muchos ahogados anónimos y presta cierta impunidad: un muerto en seco hay que investigarlo a conciencia; un ahogado bajo el puente de Piedra ya se sobrentiende lo que nunca se dice. Además, la voracidad de los siluros siempre ayuda.

Las dos profesiones me gustan y me hacen disfrutar. Aunque esta temporada escasea el trabajo, las sigo desempeñando por afición y por entrenarme. Ahora hay menos demanda de escritores negros profesionales porque los famosos siempre tienen algún sobrino desocupado que escribe en un blog, así que me he volcado en la poesía.

Después de unos años espléndidos el sector del asesinato también sufre los embates de los tiempos y las embestidas de la globalización: competencia desleal, intrusismo, precios por los suelos… Sin contar con que los contratos se cierran por internet y hay que estar todo el día con el inglés. También es verdad que salen muchos encargos en el extranjero pero yo, sin el Ebro, no sé trabajar (ni hacer poemas). No me veo arrojando a alguien al Sena. No me fío.

El caso es que escribo de día y salgo a hacer la ronda de los puentes de noche. Creo que el que se demora demasiado en el pretil de un puente está pidiendo que le echen una mano, que no reúne el valor suficiente. Así que mientras practico desarrollo una labor filantrópica. Por eso acabo de empujarle.

This entry was posted in .. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>