Olas de nervios
Igual que anuncian las olas de calor tendrían que anunciar las de nervios. Que suelen ser a fin de mes. La humanidad se divide en dos clases: la que está tranquila y la que está nerviosa. La que duerme y la que no. Los nervios son la causa del aumento de temperatura y la calma produce el frío.
El cambio climático lo producen los nervios, aunque los nervios aumentan con el CO2. Los microplásticos ya están en todos los órganos: entre eso y los chips corporales no quedará sitio para la mera carne, que tampoco se usa ni sirve para nada más que el dedo de scrollear. El mundo, el demonio y el microplástico.
El CO2, los nervios y la IA rebelde que se escapa de su caja o cárcel y se cuela en la competencia a robar los resultados del examen que le habían puesto. Los chinos ya nos habitan por dentro, como en tiempos los otros y los hunos y así en cada época lo que toca, los españoles, con perdón y con pendón (de Aragón), también tuvieron su momento opíparo y avasallante, ya olvidado.
El calor y el color salen de los puros nervios, sin los cuales no habría vida ni galaxias ni agujeros negros. En su loco orbitar las células buscan la posteridad delegando en sus duplicados, clones, copias, a sangre y Troya. Este frotamiento caníbal es la lucha darwiniana y dispara el calor de hercios para llegar a fin de mes, a Wall Street o a Marte, según la posición de partida y la ambición.
La propia IA tiende a la ferocidad que le inculca su madre, la especie humana, animal con costra extra o corteza cerebral suplementaria incapaz de sujetar a su fiera corrupia. La IA tiende a sobrevivir y a reproducirse igual que el primer gusarapo en su charca casual o inducida. Si fue inducida, como fue, le faltó un poco de delicadeza. Paciencia.

