El Madrd Barça es un duelo de infancias. Se juega en el territorio de los sueños. Estos partidos son lo único vigente de la cultura española, lo que hereda la juventud junto a la deuda.
Dos previas se disputan al espectador: este partido y la cumbre europea, de la que ya se sabe el final. Si no hay acuerdo la UE se hunde (Sarkozy ha dicho que Europa está a punto de explotar); si lo hay nos ahogarán en sus medidas de expiación. Todo remite a la deuda, la culpa y el pecado. Hombres severos y señoras de luto. Los bancos están por encima de las naciones y las personas son números, generalmente rojos. La humanidad está en guerra civil global: inversores contra deudores; los árbitros son entes financieros.
El héroe oculto del momento es Urdangarín, que se las supo llevar a capazos. Él no necesita más rescate que la visita de su suegra en el Hola! a su destierro yanki. José Luis García Sánchez ha resucitado a Rafael Azcona para mostrar el futuro, que es un revival de miseria electrónica. A Casen, que aún no ha pagado la letra del motocarro, lo borran del sistema sanitario.
Europa no sale en el resumen del año de Facebook. Europa se cree que sus penitencias amenazan al mundo, pero los americanos ya están perdiendo la proxima guerra, que se dirime en la nube, con aviones pilotados a distancia. Los pilotos, a cenar a casa.
Europa funciona por goteo. Le queda el gran colisionador de partículas, que es la máquina del tiempo. Que celebren en esos túneles los conciliábulos de la UE. Que fabriquen dinero, aunque sea cuántico.
