Hay dos realidades: el capital financiero y el resto.
Y no hay interfaz entre ambas: no hay forma de comunicarse.
El capital va loco, apostando en algoritmos incomprensibles a toda velocidad. Ni siquiera tiene tiempo de dar instrucciones al viejo mundo. Las instrucciones que llegan son todas del pasado, una inercia. Eso es parte del problema: llegan directrices de archivo.
El resto del mundo aplica ese decálogo caducado.
Podría ser que las nuevas órdenes ya sean indescifrables: el baile de algoritmos trata de ganar dinero en milésimas. El resto es irrelevante.
Entre los dos mundos está la burbuja de contenidos e interpretaciones: paleontología.
Los datos no se corresponden con la hiperrealidad: hay demasiado desfase.
La prueba es este texto…
(Se complementa -o no- con “Hollande tiene diez minutos”)
